La Habana, Cuba: 1947 – presente

María Brito pinta, esculpe, y crea instalaciones de arte. Su trabajo trata sobre metáfora y memoria. Desde los objetos comunes cotidianos, Brito hace obras de arte que evocan cuestiones de identidad y lugar.

Nacida en La Habana, Cuba, en 1947, Brito tenía trece años cuando ella y su hermano vinieron a los Estados Unidos. Sus padres llegaron poco después. Formaron parte de los miles de Cubanos quienes huyeron de la revolución de Fidel Castro. Un miembro de artistas de la Miami Generation (Generación Miami), quien fue educada completamente en los Estados Unidos, María desarrolló su propio lenguaje visual para tratar las cuestiones sensibles de integración de razas e identidad. Recibió su bachillerato en Bellas Artes en la Universidad Internacional de Florida y el grado de Master en Bellas Artes en la Universidad de Miami. Aunque empezó su carrera como ceramista, poco después empezó a trabajar como escultora y crear sus instalaciones que característicamente son dramáticas, los cuales últimamente han llegado a incluir pinturas. Los artistas de la Miami Generation expresan a menudo su lucha en reconciliar las memorias del pasado con las realidades del presente. Sus creaciones frecuentemente combinan aspectos de su infancia en Cuba con sus actuales inquietudes y estados de ánimo.

Además de explorar esas cuestiones de experiencia y identidad actual, María también está interesada en el complejo balance dado por la apariencia externa y los pensamientos y experiencias internas, además de los papeles numerosos que uno hace durante de su vida. La misma Brito, por ejemplo, tiende a explorar su propia persona como mujer, artista, madre, hija, esposa, Católica y Cubana-Americana. Mientras que su trabajo articula de una manera visual fragmentos de su viaje personal, el significado no es siempre revelado. Sus instalaciones procuran comunicar un mensaje universal y resonar con todos los espectadores.

La cualidad ilusiva y misteriosa de su obra, invita a la participación e interpretación del espectador, fomentado generalmente por el arreglo provocador de los objetos cotidianos en escenas domésticas.

En el montaje autobiográfico El Patio de mi Casa, ella guía alespectador desde su infancia hasta su madurez mientras ella refleja el significado de hogar y lugar. La obra se divide en dos secciones: una mitad en color sepia-gris con un pesebre, que hace referencia a su experiencia infantil; y la otra mitad, con una cocina pintada en rosado, que parece reflejar el presente. Los elementos del pasado se presentan en la cocina actual (la casa pequeña dentro de una jarra de cristal, el “aire” del pasado encerrado en el armario, y una ramita puesta en agua, aparentemente del árbol que echa sombra al pesebre del niño). Para María estos elementos simbolizan la esperanza, la presencia de estos sugieren la continuidad del pasado. Los otros objetos añaden misterio al montaje, por ejemplo la máscara de yeso sobre la tabla para cortar al lado del fregadero, y la sombra presagiosa de un árbol proyectado por un lado de la cuna.

En buscar el título, María escogió una canción infantil de su niñez que tarareaba sin intención mientras trabajaba en El Patio de Mi Casa. Ella se refiere a sus obras como “manifestaciones de mi búsqueda interna”, pero mientras la creación de estas obras empieza con las experiencias, memorias, y sentimientos privados de la artista, su carácter metafórico deja espacio amplio para la interpretación. La falta de una narrativa  literal autoriza que el espectador las interprete como sean. Además, la falta del texto faculta al espectador y hace su trabajo aplicable a cualquier persona dispuesta a explorar memorias y confrontar las complejidades de la experiencia e identidad.

Nota: Esta cita corta fue tomada de una entrevista con María Brito hecho por Andrew Connors en Junio y Julio de 1995.